“Recuperar una mirada auténtica”

Diario TIEMPO ARGENTINO
Por: Juan Manuel Strassburger

Mañana se estrena una película sobre el prócer, motivada por la idea de echar luz sobre una figura histórica en disputa, reivindicado tanto por liberales como revisionistas. “Optamos por una estética kafkiana y gótica,” dice.

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Está en todas partes. Es la primera imagen que surge de él. Pero la pintura de Mariano Moreno sentado en un escritorio, el índice sosteniéndose la frente, seguramente reflexionando sobre las bases conceptuales de la patria, es falsa. El cuadro, mil veces multiplicado en Billiken e infinidad de aulas y manuales escolares, fue concebido durante la generación del ’80 para construir un Moreno afín al ideal republicano y liberal de los primeros historiadores, aunque sin respetar sus rasgos morochos y fuertemente juveniles.
“La verdadera imagen era con el pelo encrespado, narigón; con rasgos más severos en la mirada”, contrasta Virna Molina, directora, junto a Ernesto Ardito, de Moreno, la película, sobre el prócer que mañana llega a los cines. “Lo que pasa es que ese aspecto daba demasiado joven, demasiado imprudente, y no encajaba con lo que se quería mostrar de él”.
Con la motivación de echar luz sobre una figura en disputa (es reivindicado tanto por liberales como por revisionistas), los directores recurrieron a las fuentes originales para recrear un Moreno de fuerte implicancia actual. “Sabíamos que no había archivos, fotografías o pinturas a los que pudiéramos recurrir, a lo sumo algunos daguerrotipos”, reconoce la directora, que optó por una estética “kafkiana y gótica” para recrear la Buenos Aires brumosa de entonces, y que se valió de dos historiadores (Noemí Goldman y Norberto Galasso) para ubicar historiográficamente al secretario de la Primera Junta. “De Galasso tomamos su mirada política, la idea de un Moreno revolucionario e impulsor de la Patria Grande. Y de Goldman su aproximación cientificista, su trabajo con el lenguaje de los documentos de la época.”
–¿Por qué es importante una película sobre Moreno?
–Porque nos hace reflexionar sobre nuestra historia, que muchas veces nos la cuentan de manera aburrida y lejana a nuestro presente, cuando la realidad es que la Revolución de Mayo y muchos hechos que sucedieron después tienen muchísimo que ver. Entonces, recuperar una mirada auténtica de nuestra historia y darle el valor que tiene nos motivaba muchísimo.
–¿En qué los cambió Moreno, la película?
–Nosotros veníamos de una mirada más cercana a la izquierda internacionalista. Y esta película nos reconcilió con las figuras populares de nuestra historia y con la línea nacional y popular. Volver a Moreno, redescubrirlo, dan ganas de continuar con lo que se empezó entonces sin necesidad de mirar afuera. Su mirada, 200 años después, sigue vigente.  «

Por: Juan Manuel Strassburger para diario Tiempo Argentino.

De fantasmas, traición y otros restos de historia – Crítica · Moreno – Puntaje del film: 9

 

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por Constanza Tagliaferri para Escribiendo Cine

Con numerosos documentales sobre intelectuales y artistas argentinos, Virna Molina y Ernesto Ardito dedican su último largometraje a la figura del político Mariano Moreno cuya creencia acérrima en la libertad y la igualdad de los pueblos hizo posible la Revolución de Mayo de 1810. El film Moreno (2013) es un recorrido historiográfico en donde el oscuro entramado de conspiración y traición política del pasado es representado en clave de suspenso y la materialidad de la película inaugura una poética metafísica de lo más atrapante.

En tiempos del Virreinato del Río de la Plata, el territorio entero era sometido al orden absolutista de los colonizadores, como también el indio lo era a la explotación de esclavos. Así, las reiteradas escenas donde las comunidades autóctonas eran masacradas fueron, ante la indignación de Moreno, el síntoma que avizoró la urgencia de una revolución independentista. Inspirado en los valores de la revolución francesa, Moreno se lanzaría a marcar el 25 de Mayo de 1810 como la fecha más importante de la historia nacional, siendo esta la razón misma por la cual, tiempo después, el joven moreno de 31 años sería envenenado en una misión diplomática a Inglaterra. Una historia contada a través de las cartas de su mujer María Guadalupe Cuenca, la biografía de su hermano Manuel y la voz de algunos familiares e historiadores.

Moreno es el resultado de un arduo proceso reconstructivo sobre un revolucionario del cual, sea por el desinterés de sus descendientes o el intencionado ocultamiento de la historia oficial, muchos documentos y registros físicos fueron extraviados. ¿Cómo contar la vida de alguien a quien la historia misma se ha empeñado en borrar? A las trabas impuestas, Molina y Ardito –galardonados con 27 premios internacional por Raymundo (2003) y Corazón de Fábrica (2008)- responden con un documental magistral por donde se lo mire.

Con la clara idea de cómo contar historias, esta dupla de cineastas encaran cada uno de sus trabajos desde la perspectiva de un realizador integral, el cual se caracteriza por participar en todos los rubros que hacen a una película: guión, dirección, producción, fotografía, cámara, dramatización, distribución. En este sentido, Molina yArdito construyen un estilo fotográfico propio que, a lo largo de sus producciones, se destaca por una materialidad plástica como si capturaran la historia al interior de una pintura. El uso de lentes macro y teleobjetivos que resaltan texturas y delicados detalles visuales en el centro de la escena. O bien, la supremacía de cuerpos fragmentados que, sea en encuadres cerrados, fuera de foco o puestos en contraluz, son recompuestos en un montaje que combina lecturas performativas, sonido ambiente y música incidental.

La película Moreno, ganadora del concurso del INCAA sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo en el 2010, sugiere una lectura profunda sobre el hombre de la independencia nacional, a la vez, que invita al espectador a una experiencia estética conmovedora. Para quienes deseen conocer producciones anteriores, consultar a www.virnayernesto.com.ar

Puntaje de la película: 9.0

MORENO, CONVERSACIONES CON EL MITO

Por Sebastian Russo

Apuntes sobre Moreno, de Ernesto Ardito y Virna Molina

 

Los fantasmas no existen. Solo perduran en la mente de nosotros, los vivos. Nos están alertando de un pasado inconcluso. Que vuelve una y otra vez en el presente. Ellos no atentan contra nuestra existencia, esa deuda sí.En Moreno

 

En cada época es preciso esforzarse por arrancar la tradición al conformismo que está a punto de avasallarla. Walter Benjamin

 

En Mariano Moreno, en su figura mítica, en los avatares históricos que su figura/obra generó, parecen condensarse los dilemas y las pasiones que fundan la nación argentina. Fundación dada por un magma dilemático que la breve pero encendida vida de Mariano Moreno parecería expresar cual trágico paradigma. Revolución y muerte temprana, los caracteres esenciales para un retórica de la heroicidad. Que deja tras de sí, un descalabro contra-revolucionario que trasmutará las llamas independentistas del mártir en la ignominia de las luchas intestinas. Un legado político que cual espectro retornará a lo largo de la historia del país, conmoviendo y actualizando las querellas de cada tiempo.

 

Pero cómo narrar un mito. Cómo describirlo, cuestionarlo, “deconstruirlo”, sin horadar su carácter aglutinante, su permitir/fundar comunidad. Cómo hacer para expresar algo de ese fuego tan fugaz como imperecedero. Cuál la estética, su politicidad, para dar con la trama discursiva en la cual se posicionen, y no adocenadamente, los “justos” indicios de una vida y obra fundamental, fundacional.

 

Tarea no pequeña pues la de Ernesto Ardito y Virna Molina de encarar este (su) Moreno. Directores que ya se han sumergido en responsabilidades mayúsculas (RaymundoCorazón de fábricaNazionUrondoPizarnik), con mayúscula responsabilidad (la que se advierte en el tiempo de investigación previa, en las apuestas estético-políticas asumidas, en la preocupación por entreverarse y cuestionar los modos de producción y distribución establecidos) He aquí pues algunas ideas surgidas, sugeridas, por esta obra, el hasta ahora último film de este sutil y poderoso tándem.

 

La fuerza arrolladora que nos lleva a escribir las palabras hace que no desaparezcan.(En Moreno)

 

Se sabe, el pensamiento (y práctica) liberal ha sumido a Mariano Moreno al exclusivo rol del pensador, del comprometido ciudadano fundador de La Gaceta. El paradigma del periodista, sobre el cual festejar incluso ese parnaso incorruptible denominado “libertad de expresión”, borroneando su radical apuesta y gesta política.

 

Pero el Moreno recuperado en este film, es de una complejidad y densidad mayor. Al periodista se le adosa de modo inescindible el intelectual atormentado por los avatares de la política. Asumiendo así un rol fundamental y categórico no solo su pensamiento, y su escritura, sino su intervención pública. Es decir, asumiendo el paradigma de una intelectualidad “orgánica”, en absoluto enclaustrada en alguna gesta progresista, ni en vericuetos corporativos, sino entendida y ejercida en la punzante conjunción entre el ser político y el periodista, entre el intelectual y el revolucionario, en suma, asumiendo un modo de pensar y actuar en la escena pública.

 

Hay allí entonces, y como una de las recuperaciones y problematizaciones que este film asume, una política de la intelectualidad, una pregunta por la politicidad del hombre público. Y que se plantea y actualiza en el debate planteado entre Tulio Halperín Donghi y Norberto Galasso. Es decir, entre un historiador academicista, cientificista, y un historiador que asume explícitamente su politización. Un debate que cobra absoluta actualidad en el marco no solo de los “usos de Moreno”, y su renovada discusión, sino en la figura del “pensador” contemporáneo, más cercano a las lógicas del academicismo burocratizado, abjurando de la escenarios públicos.

 

Esta es (veremos) una de las formas en las que vuelve, retorna, acosa, el fantasma de Moreno. Y es la figura del espectro la elegida para “representarlo”.

 

Golpear las sombras negras de los muertos. Nada sino golpes. En estas tumbas están los espectros de la patria. (En Moreno)

 

El agua vuelve, golpea. En el agua vuelve él, Moreno. Una figura nublada, en su inmaterialidad, y en el retorno de su voz, cavernosa, trágica. Las texturas de voces e imágenes, el clima gravoso, soterrado, compelen a un fantasmagórico Moreno, que en la dramaticidad de sus días, de su muerte en altamar, de las cartas enviadas por una mujer a su hombre ya muerto en altamar, se presentifica y afectiviza.

 

El cementerio de la Recoleta (otro, además del Río de la Plata), es el escenario en donde estas voces se entrecruzan. Cuna y féretro del pensamiento (liberal) nacional, la Recoleta se erige como un mapa de las batallas nacionales, ganadas, perdidas, pero aun candentes. Otro film reciente tiene a este cementerio como ámbito fundamental. Tierra de los Padres de Nicolás Prividera. En donde tales debates se esparcen con una patina de homologación, de fría indiferenciación de las violencias convocadas en las voces fantasmales que allí anidan. Moreno, el film, por el contrario, no aspira ni al afán totalizador, ni al trazo igualador. En la cavernosa (por momentos sacralizante) voz en off con la que Moreno (nos) habla, la Recoleta, el cementerio de nuestra historia eminentemente liberal, se vuelve un campo de batalla espectral, enjuiciatorio, (re)lapidante. Pero en ambos casos (en ambos films), apelando a la potencia de la anacronía, de la conjunción de tiempos, abjurando de la linealidades del (tiempo del) progreso, se expresaría un futuro (que de haberlo) hay que hallarlo en el pasado. En la recuperación crítica de las querellas que constituyen nuestro presente.

 

Pero el fantasma que vuelve, no es solo el de Moreno, sino fundamentalmente, y por lo de “definición de la política” que anida en él, el de su Plan Revolucionario de Operaciones.

 

Solo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer (Walter Benjamin)

 

Las luchas por el sentido de la Historia tienen en la Argentina al debate en torno a la autoría del Plan Revolucionario de Operaciones como uno de sus momentos más significativos y apasionantes.

 

“Extraviado” por Bartolomé Mitre (paladín de la historia nacional liberal), desacreditado por Paul Groussac (director de la Biblioteca Nacional a comienzos de siglo XX), defenestrado por Hugo Wast (también director de la Biblioteca Nacional, durante la década infame, luego reemplazado por Borges en el 55), actualmente no solo se enfatiza la autoría de Moreno, sino que ha sido reeditado (por la misma Biblioteca Nacional que en otras oportunidades lo había desestimado, en este caso bajo la dirección de Horacio González), y tiene en este film un nuevo mojón (entre otros, en la actualidad) de recuperación, tanto de su letra, como de sus definiciones sobre la política.

 

Tulio Halperin Donghi (el historiador de “Una nación para el desierto”) dirá que el Plan no es de Moreno, porque contiene todos los lugares comunes del jacobinismo, por lo que (sería evidente para Donghi) se lo quiso endilgar para desacreditarlo (desde el anti-jacobinismo, o sea, desde los sectores más conservadores). Definición por la negativa que expresa el carácter incendiario, reivindicador de la violencia, que toda una (otra) concepción de la política abjura. Este debate, tendrá, en el film, a la díada Donghi-Galasso, como parte de su actualización. Díada que así, no solo expresa dos modelos contrapuestos de intelectual, sino, y por lo mismo, una concepción adocenada y liberal de la política por un lado, y otra recuperadora de su carácter confrontativo y popular.

 

La relectura que se hace de Hugo Wast (nombre de fantasía con el que firmaba sus novelas Gustavo Martínez Zuviría, y que también aparece en el anterior film de estos directores, Nazion, una suerte de genealogía del pensamiento nacionalista católico argentino), que escribirá que “Castelli y Moreno eran terroristas, demagogos”, propone no solo la actualización de determinadas terminologías, de cierta retórica que atraviesa la historia argentina, incluso la actual, sino de un vínculo entre los sacrificados perdedores de la Revolución de Mayo (beautiful losers, diría Luca Prodan), ante la rama conservadora liderada por Cornelio Saavedra. Un reciente film de Nemesio Juárez, La revolución es un sueño eterno, se centra de hecho en de la figura del orador de la revolución, Juan José Castelli, retratado magistralmente en la novela homónima de Andrés Rivera.

 

Así, la operatoria de “cepillar la historia a contrapelo” emprendida por Ardito y Molina, la de recuperar querellas fundacionales y desde esta inflexión benjaminiana (incluso la de hacer saltar el continuum de la historia, y adueñarse de un recuerdo –no como este verdaderamente ha sido sino– tal como éste relampaguea en un instante de peligro)en un tiempo en el que los debates en torno a la concepción y práctica de la política se entienden y viven fundamentales, invoca a lo más atildado del cine político argentino, o mejor aún de la más sugestiva politicidad de nuestro cine.

 

La impotencia de la muerte desata los fantasmas (En Moreno)

 

Se pregunta Jacques Derrida, cómo lidiar con los fantasmas (los mitos), siendo que no hay modo de conjurarlos de forma definitiva (retornan, siempre, y de formas insospechadas) Conversando con ellos, se responde, asumiendo su con-vivencia en el mundo de los vivos.

 

El agua, el del Río de la Plata, golpea, salpica. Y en ese rocío, en esa neblinosa nube, vuelven los muertos. Moreno, y los desaparecidos de la última dictadura militar. La apoteótica escena final del film de Tierra de los Padres, de un cementerio a otro (de la Recoleta al Río de la Plata), parece dialogar con el incesante golpear del agua ante esa figura fantasmal, que no es otra que la del mismo Moreno, regresando, acosando, reclamando por su injusta e infausta muerte, la de un proyecto común. Y como no oir allí, fundiéndose las voces, el reclamo (retorno) de los no enterrados, el de un modo de interrogar y experienciar la política, que intentó (también) ser sepultada en esas mismas aguas, un siglo y medio después.

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Infomación sobre el film: http://www.virnayernesto.com.ar/

Por Sebastian Russo

Publicado en Tierra en Trance.

ENTREVISTA A ERNESTO ARDITO Y VIRNA MOLINA

Entrevista a Ernesto Ardito y Virna Molina

¿Cómo surgió la idea de hacer una película sobre Mariano Moreno?

Ernesto Ardito: Ya habíamos leído varios textos sobre lo que vendría a ser una historia alternativa  a lo que fue la historia oficial, en cuanto a las luchas de proyecto de país que hubo a partir de 1810. Pero  eso era en el ámbito de la historia, como muy literario. Conocer los conceptos de Moreno, las luchas de poder que había con Saavedra o con Dean Funes. Eso estaba instalado en nosotros, pero no veíamos el proyecto en película.

Sale el concurso del INCAA del Bicentenario en el 2010 y ahí empezamos a programar una primera instancia de película, que era sobre un grupo de adolescentes que se iban encontrando con estos archivos que quedaron ocultos, con esta historia diferente a la que te enseñaban. Eso no funcionó, siguió avanzando la investigación y aparecieron muchos más textos donde la élite historiográfica cobró mucho más peso. Era más importante ver para definir la historia de nuestro país los proyectos de nación que estuvieron en pugna. Y que apoyaron, ocultaron o desvirtuaron  el proyecto morenista, de libertad, de igualdad, mucho mas adelantado en este sentido, con respecto a la Constitución de los Estados Unidos.

Moreno proponía  por ejemplo, expropiar las minas del Alto Perú para generar fondos estatales, industrias, en contra de otro proyecto liberal que era todo lo contrario. Ese proyecto liberal es el que tomó las riendas de la historia y empezó a enseñarles a las nuevas generaciones cuál había sido nuestra historia argentina. Que es todo el modelo del mitrismo, esa lucha política de poder que se había dado en 1810 continuaba a posteriori. También había otra línea que habla de todo el nacionalismo de derecha que enarbolaba a Saavedra, donde decía que Castelli y Moreno eran jacobinos, que hoy en día se sigue enseñando en las academias y en los liceos.

Esa línea de cómo se entiende la fundación en nuestro país, es en definitiva, cuando  hay un conflicto real, coyuntural y hay que definir por una salida política, es lo que termina definiendo las posiciones. Una posición más nacional de izquierda, una posición liberal o una posición más de derecha. Eso fue lo que definió un poco la estética de la película, ya no era una película sobre 1810, sino la historiografía sobre los documentos que íbamos encontrando, sobre los documentos que iban ocultando quienes tenían que contar la historia, y así salió la estética de la película.

En esta lectura del Estado en el Bicentenario, Moreno aparece con más fuerza ¿Cómo se relacionaron con eso?

Virna Molina: En realidad, cuando empezamos el proyecto no había mucha reivindicación de Moreno, recién ahora está la serie que hizo Castro Fau, “Las huellas del Secretario” pero fue posterior al proyecto, nosotros ya teníamos terminada la película cuando nos enteramos que Castro Fau iba a hacer una serie de estas características. Lo que sí nos enteramos es que para (Néstor) Kirchner era muy importante la figura de Moreno y que alguna vez se lo había comentado a Tristán Bauer, que no había que olvidarse de Moreno.

Para nosotros fue el personaje histórico con el que más nos identificamos y sentiamos que era el que más teníamos que rescatar. Por sobre todo porque no era militar y porque hacía mucho hincapié en la educación. Él reivindicaba determinadas ideas que para su época eran revolucionarias y creo que en esencia, las ideas lo son hoy también, quizás lo que cambió en la coyuntura es el rol que ocupa la burguesía. En un momento la burguesía tuvo un rol revolucionario que rápidamente se aplacó en la línea de la historia de la humanidad, pero esa burguesía revolucionaria que fue destruida por la propia burguesía que perduró y tomó el poder, dentro de ese cuadro Moreno fue uno de los referentes más importantes.

EA: Yo noto una posición de la épica que a veces la encuentran en las batallas. Moreno era un personaje de escritorio, un tipo muy atormentado filosóficamente, políticamente, estaba creando lo que iba  a ser la Constitución de nuestro país. Nosotros hacemos ciertas comparaciones bastantes políticas con lo que era el personaje que siempre estaba encerrado en su casa proyectando, pensando, rodeado de fantasmas. Muy perseguido por todas las traiciones políticas que veía a su alrededor porque en muy poco tiempo se dio vuelta la torta un montón de veces. Él tenía dos personas muy fieles que eran (Juan José) Castelli y (Manuel) Belgrano y en todo lo demás fue teniendo posiciones muy complicadas, sobre todo cuando tenés que generar un cuerpo que lleve adelante un proyecto político. Todavía no se pensó mucho en la figura de Moreno en ese sentido, se lo reivindica epicamente,  es decir, de otra manera, y no de un lugar donde se piensa la política desde sus raíces. Creo que lo que nosotros intentamos va un poco por ese lado.

Remarcan los fusilamientos, que podría ser un momento de batalla a partir de cómo él lo plantea.

EA: Es interesante hacia donde llega la película en ese sentido. El pueblo lo desaprobó de alguna manera, creo que ahí se fue dando cuenta hasta dónde un proceso revolucionario o las mentes pensando un proceso revolucionario, van más adelante buscando el bienestar del pueblo que hasta lo que el pueblo quiere. Ese status quo, en un proceso revolucionario, hay pueblos que lo quieren cambiar y pueblos que no y a Moreno le tocó un pueblo determinado. Creo que es interesante para evitar llevar todo a una lucha entre figuritas. Creo que hay muchos actores sociales en un montón de procesos, mismo cuando hablamos de la dictadura militar, no es que estaba el partido militar con la derecha de la iglesia e hizo un golpe de estado. Había un gran cuerpo civil que lo buscaba y un gran cuerpo del pueblo en general que apoyaba al gobierno militar porque le gustaba esa tranquilidad y ese tipo de poder. Moreno se encontró también con todos esos conflictos al momento de llevar adelante la revolución.

VM: Me parece que no es el tipo de poder, sino que el poder establecido representa cierta seguridad porque es lo conocido y los cambios establecidos. En todo proceso de ruptura tanto como fue en 1810 como fue en los ´70, la gente que representa esa ruptura y ese cambio conlleva un riesgo muy grande y un gran sector no está dispuesto a llevar adelante ese cambio, si no la revolución ya se hubiese dado. Las revoluciones no se terminan de dar porque la mayoría del pueblo no está convencido en profundidad y porque los que son la voz cantante no logran convencer a la mayoría de que el cambio es necesario, en qué medida y cómo va a transformarse.

Siempre hay como una cuestión de quedarse con lo seguro y cambiar esa lógica, esa tradición, son procesos muchos más largos y llevan quizás determinados estallidos a lo largo del tiempo y que cada vez uno se va acercando más a esa transformación. En el caso de 1810 lo que se rompe es el orden colonial pero dentro de ese orden colonial en lo que no se avanza es sobre determinados valores de igualdad y libertad. La historiadora Noemí Golman lo plantea muy claro. Ese concepto de libertad e igualdad  real que Moreno tenía tan claro, y lo lleva adelante, hace que todo el partido de la línea morenista desaparezca.

Tras la muerte de Moreno, se adoptan estos conceptos de Libertad e Igualdad, pero solo en términos políticos legales y para determinadas clases. Esa idea inicial de la igualdad y de la libertad que venía de la mano de la república y de la revolución y de determinados conceptos de los derechos del hombre, se pulverizan, se desarman, se modifican y se transforman en otros. Quizás es interesante ahí volver a Moreno, a la esencia y ver en ese punto que esos conceptos siguen siendo vigentes, cualquier movimiento que se plantee un cambio, una ruptura y una revolución inevitablemente tienen que repensar esos conceptos, creo que en ese sentido Moreno es clave.

Es difícil encontrar a lo largo de la historia, recuperar esos personajes que hayan llevado tan al extremo esos conceptos y que hayan tratado de trabajar en lo que es un proyecto de país, tanto como fue el Plan Revolucionario de Operaciones, que era un proyecto político para volcar lo abstracto y lo concreto, una estrategia. Lo escribió Moreno, pero luego trataron de destruirlo porque no les convenia esa imagen de la Revolución de Mayo, y porque iba en contra de sus proyectos políticos liberales o conservadores,  y cuando volvía a aparecer una copia se esmeraban por justificar que Moreno no lo habia escrito. Lo que no se puede permitir es que eso se oculte, es lo que pasó durante 200 años. La gente que estuvo al poder de este país se encargó de distorsionarlo de una u otra manera, lo interesante es que eso esté, se ponga sobre el tapete y se discuta en profundidad.

Se analiza hasta qué punto muchos de los gobiernos a lo largo del tiempo desarrollaron ese Plan de Operaciones y lo hacen hoy en día. Si uno ve la política que desarrolla hoy este gobierno o muchos gobiernos de Latinoamérica, se puede decir que hay determinados elementos que se planteaban en ese antiguo Plan de Operaciones, hoy en algún punto tienen un alineamiento, un acercamiento, cosas que no y otras que se van modificando. Lo bueno es enseñarle a los chicos que aprenden la historia, que esa gente que hizo la Revolución de Mayo, que destruyeron el orden colonial para crear un nuevo orden, planteaban una idea que era absolutamente distinta a esa idea de país gobernado por militares, de castas sociales, era un país donde se valoraba el concepto de conocimiento.

Tanto Belgrano como Moreno eran clarísimos en el concepto de que hay que formar al pueblo. La gente tiene que tener derecho a acceder a la educación, a formarse y a generar un criterio que es el que le va a dar independencia, libertad, poder y decisión. No podemos ser utópicos, pensar que por el sólo hecho de decirlo todos podemos elegir, y después no tenemos herramientas de cómo aplicar nuestro criterio.

Tenemos que saber qué es lo bueno y qué es lo malo, y para eso tenemos que tener esas herramientas que son la educación, las ideas de otro, distribuir esas ideas ocultas. En ese campo es muy claro el rol que jugaron determinados personajes y líneas políticas y el rol que jugaron otros.

EA: Justamente el avance en lo que eran las nuevas ideas y la literatura que se producía, estaba en manos de la Iglesia. Estaba controlado por la Iglesia y el pueblo no podía tener libre acceso a los libros. Lo que hace Moreno con el texto de avanzada del iluminismo que había en ese momento que era el “Contrato social”, es popularizarlo e hizo que en las iglesias los sacerdotes citaran desde “La Gaceta”, fragmentos del “Contrato social”, era otro rol de la iglesia que él había pensado de alguna manera. Diferente a lo que después fue, que en realidad propagó las ideas que se ven en la película, de sostener un Estado más de control, en cuanto a la xenofobia, la militancia partidaria, discriminaciones. La iglesia que pensaba Moreno cumplía otro rol completamente diferente, donde la asociación del Estado y la iglesia llegaban a funcionar de una manera, diferente a la del siglo XX.

VM: Igualmente me parece que en 1810 no se podía pensar una sociedad sin Iglesia. Es muy difícil para alguien de nuestra época pensar el rol que ocupaba la Iglesia en ese momento. No existía algo sin Iglesia, sin religión, no se concebía, por la simple razón que toda la educación estaba en manos de la Iglesia. Tuvo que pasar un siglo hasta que se pudo escindir.

EA: Todo lo que eran instituciones del estado se pensaba para una función que después ocupó otra, eso está claro. Se pensaba que la Iglesia, sabiendo que era el lugar donde se podían difundir las ideas para un pueblo creyente. El rol que llegaba a las masas para difundir una idea, tanto en 1810 como en el siglo XX era la Iglesia la que bajaba línea.

Un personaje que aparece, que está también en Nazión, es Hugo Wast ¿Cómo pensás que se leyó en ese lugar a Moreno y cómo se plantea esta idea de la línea liberal?

EA: No, Hugo Wast no es la línea liberal, sino la del militarismo, la del nacionalismo católico  Uno mira ahora desde el prisma de hoy en día y ve las ideas de Hugo Wast y te parecen absurdas y hasta graciosas. Pero la verdad que ese pensamiento marcó a muchas generaciones. Hablar de Moreno como dice en la película su descendiente, hasta entrados los años ´80, era mala palabra en las escuelas y demás.

Siempre se hablaba de Saavedra en cuanto a la ubicación y a la figura de poder que se le dio. Pero el verdadero poder estuvo en las ideas y no en el militar, y Moreno como hombre de ideas, en las escuelas, era enseñado como un personaje casi anónimo que no había hecho prácticamente nada. Con respecto al personaje de Hugo Wast, me pareció muy importante en eso, porque venía a sintetizar todo un pensamiento que marcó muy fuerte el comportamiento de una sociedad en un paradigma en cuanto al modo de entender la política, la vida social, la vida cultural, la vida privada.

La historia siempre lucha en ese sentido y hay historiadores que siempre buscaron ver las cosas de otra manera pero que eran totalmente silenciados y que no se difundían. Esos historiadores de repente hoy en día pueden tomar estado público y los otros quedan en una coyuntura del momento. En ese sentido creo que Hugo Wast nos ayudó para marcar ese pensamiento. En principio tenemos la línea mitrista, la línea liberal que buscaba un modelo de país, la línea del nacionalismo católico y tenemos la línea morenista.

Algo de eso se recupera cuando se genera el enfrentamiento de Galasso y Halperin Donghi.

EA: Sí, nos sorprendió muchísimo, Halperin Donghi es como el referente de la historiografía argentina. Es el historiador más prestigioso a nivel nacional. Vos podés poner en duda quizás la muerte de Moreno pero no poner en duda que Moreno haya escrito el Plan de Operaciones, en realidad afirma que no lo hizo, la verdad que nos sorprendió muchísimo. Nos pareció que era necesario rescatarlo, tampoco es que la película aborda discusiones ya acabadas. Las discusiones están pendientes y uno ahora puede pensar que es lógico decir, que Moreno pensaba de esta manera, que el Plan de Operaciones hablaba de esto, que lo escribió Moreno y lo frustraron por efecto político. Pero quizás dentro de 20 años toma el poder gente que te lo niega y la historia vuelve para atrás, la historia y la política siempre van muy de la mano. Por eso también, nuestra motivación para hacer la película en ese sentido.

Otra característica de Moreno es que sería un intelectual que se acerca al poder pero al mismo tiempo tiene una faceta política concreta, que también es otra de las discusiones de los ´70, si se quiere, el intelectual de la Revolución y también el poder desde el Estado. ¿Cómo vieron eso en la película? ¿Les inspiró algún tipo de discusión al respecto?

EA: Eso lo asociamos con Raymundo directamente, con el tema de la familia. Cuando nos encontramos con Moreno surge el tema de su mujer, Guadalupe, que es muy interesante porque uno se imagina a la mujer de 1810 como una persona sumisa, en una sociedad totalmente paternalista. Entonces el rol de Guadalupe nos llamó muchísimo la atención en las cartas, donde realmente se desnuda su militancia activa y donde, en la revisión histórica que hacemos, nos podemos enterar de un montón de cosas sobre documentos que quemaron o que desaparecieron. Sobre la función que ocupó cada persona en un momento determinado: quién traicionó a Moreno, quién lo acompañó, cómo percibieron a Belgrano o a Castelli, que era la línea que acompañaba a Moreno. Entendiendo a Guadalupe desde el lado humano y político, se acerca un poco al trabajo que hicimos con Raymundo, esa lucha revolucionaria de la familia y el tema de dar un paso adelante y casi inmolarse por un proyecto político, van muy de la mano.

VM: La diferencia es que Raymundo nunca llegó al Estado, siempre fue de barricada. En el caso de Moreno –que es lo más complicado-, él tuvo ese poder y lo ejerció y ahí es donde vienen las críticas más fuertes en tanto uno es el que encara la Revolución y da la vida por eso. Es como que te van a criticar los que te quieren destruir pero después quedás congelado en una instancia como muy pura como político, pero cuando tuviste que ejercer el poder te ensuciaste. Es diferente, cuando tenés el poder tenés que ejercerlo y, en ese sentido, Moreno mandó a fusilar gente, no él solo sino toda la gente que estaba convencida del proyecto que estaban llevando adelante. Lo que fuimos investigando sobre Moreno muestra mucha coherencia entre el hacer y el decir hasta el final, convencido de un proyecto político, de llevar adelante determinadas ideas, que él entendía que eran para beneficio de la mayoría. Esa cuestión robespiereana del bienestar y de la mayoría y hablar del pueblo en general y no del sector de los vecinos de Buenos Aires, sino que, en ese sentido, era muy, muy claro. Me parece que lo más difícil de Moreno es eso, que ejerció el poder, que lo hizo en un corto tiempo pero de manera muy intensa. Seis meses de gobierno en los que es impresionante lo que produjo en cuanto a gestión y a las transformaciones que se generaron en el Río de la Plata. Lo ves desde los testimonios de gente de afuera que había venido antes y después de la Revolución de Mayo y decía que era un mundo completamente distinto. No es que fue una pavada del Cabildo como te cuentan, hasta la gente de nueva izquierda dice: “Esas son cosas de burgueses pelotudos, los comerciantes que quisieron sacar al Virrey y quedarse con todo” y no es así. Eso es una farsa y es negar la propia historia de nuestra tierra. Nosotros podemos pensar en la universalidad de la lucha de los trabajadores y en un montón de cuestiones pero la realidad es que tenemos cada uno una historia, que va a una identidad y que va a generar un concepto. Después, en instancias superiores, será cuestión de correr fronteras y hermanar pero la idea es que vos venís de un lugar concreto porque si no, no tenés identidad y no sabés de dónde venís, no tenés fuerza en la lucha que llevás adelante.

La realidad es que en 1810 hubo un grupo de gente que terminó exiliada, destruida, asesinada, muerta por las enfermedades que contrajo por la angustia y la desesperación de ver que todo su esfuerzo y su proyecto político se derrumbaba y no sólo eso sino ver lo que venía, que era lo peor. Se destruían un montón de cosas y se volvía a instalar un poder que, en algún punto, tras destruir un sistema colonial, se venía a instalar otro sistema que nuevamente volvía a encadenar, a someter, bajo la lógica del privilegio de unos pocos, a la mayoría. En ese sentido me parece que es interesante la película porque va destacando un montón de elementos de Moreno y de su partido que le dan a nuestra historia una profundidad muy interesante. No es una historia de Billiken sino una historia de gente que estaba convencida de lo que quería llevar adelante. No por el beneficio de los comerciantes de Buenos Aires, en absoluto, sino por el de la mayoría, y la mataron los que sí se quedaron con el poder, los que sí construyeron la historia, los que construyeron y asentaron sus bases sostenidos por dichos comerciantes, los comerciantes ingleses y de otras tierras, que hicieron negocios acá. Es interesante hacer una lectura real porque si no, en aras de una concepción socialista internacionalista se borra la de un pueblo y no es así. Hay que ir hasta el final en un montón de cosas y rescatar figuras que realmente valían la pena. Tipos que se jugaron por cosas e hicieron avanzar la rueda un montón.

Hay un planteo en la película, no tan discutido, que ve la herencia de esto con Belgrano yendo a Paraguay, y cómo eso luego se conecta con lo que sucede ahí.

EA: El modelo político de Paraguay, de desarrollo económico independiente de los capitales de afuera, es decir, la autonomía industrial y económica, era lo que planteaba el Plan de Operaciones. Ese modelo de país que es paradigmático porque Mitre, que fue quien ocultó el Plan, aliado con los ingleses, que son los que supuestamente mataron a Moreno, al destruir Paraguay destruye el Plan de Operaciones. Está muy claro que no querían que ese modelo estuviera en el país ni en América Latina ni en ningún lado sino que lo que buscaban era el modelo agroexportador. Paraguay venía a hacer una ruptura contra todo eso y lo destrozaron totalmente, de su población quedaron sólo el 10% de los hombres. Los motivos de la Guerra de la Triple Alianza fueron una excusa ya que lo que buscaron fue destruir sus industrias. Cuando entraban los ejércitos ingleses o argentinos a Paraguay no se quedaban con las industrias y las ponían a producir, las destruían, como lo muestra la película que trabaja la obra de Cándido López.

Algo de lo que no hablamos y que para nosotros es fundamental, es el 50% de la película, es el trabajo de las fuentes históricas, lo dificultoso que fue llegar a 1810 evitando las reinterpretaciones históricas con filtro que venían a distorsionar la historia original. Uno busca llegar a los documentos y lo que nos ayudó muchísimo fue encontrarnos con testimonios de los personajes directos, libros que se tendrían que difundir en las escuelas, que se tendrían que reeditar y de los que sólo quedaban una o dos copias perdidas en el país a las que fue un despelote poder encontrar. Como el testimonio de Ignacio Núñez, que fue del partido de Moreno cuando tenía nada más que 15 ó 16 años, y decidió escribir la historia de lo que él había vivido en esos días, testimonio de un protagonista que viene a romper un montón de mitos y tabúes y a humanizar a los personajes. Lo que es importante para generar la identificación y poder decir: “No eran las figuritas aburridísimas que, con la canción de “Aurora” me pasaban en la escuela”.  Eran tipos como cualquiera de nosotros que estuvieron en un proceso político y que actuaron de tal o cual manera, en función de su coyuntura. Para entender eso es necesario humanizarlos y encontrar estas fuentes y es muy raro que no se valore y sí se valore a autores como Levene o que se reediten las memorias de Mitre, Sarmiento y demás y que no se reediten tipos que tienen un valor increíble y que han sido protagonistas de Mayo. Y no alguien que está escribiendo “sobre” Mayo y que responde a una clase social, a un proyecto político, etc.

VM: Sí, y además es interesante porque un ejemplar del libro “Noticias históricas” de Ignacio Núñez –dos tomos- lo tiene el Congreso y es tan viejo que, cuando fuimos a fotocopiarlo para poder leerlo, en un momento me llama el chico de la fotocopiadora y me dice: “Mirá, no lo puedo fotocopiar más porque se está desarmando”. Se desarmaban las hojas. De casualidad pudimos encontrar uno en “Mercado Libre” pero fue muy difícil porque ese libro no estaba. Es verdad lo que dice Ernesto: ¿Cómo no los reeditan? Galasso también hablaba de varios libros que desaparecen de las bibliotecas de las universidades.

EA: (Trae el libro) éste es libro del que hablamos, ¿ves?, está editado por Enrique Gandía en 1952, la última edición.

VM: Está bueno porque uno puede tener muchas diferencias con E. Gandía pero lo interesante es que recupera fuentes históricas y las pone sobre la mesa. Permite que todas las personas puedan tener acceso, releer y, a partir de ahí, reinterpretar según la subjetividad de cada uno.

EA: Ése es como el trasfondo de la película. Quizás aparece todo digerido, pero el hecho de llegar a estas fuentes fue como ir contra el mundo, tuvimos que encontrar las piezas perdidas. Cuando hicimos  “Corazón de fábrica”, estuvimos viviendo en Zanón un año para captar el espíritu de una asamblea, por ejemplo. Y acá parece que uno se sienta y hace “Moreno”, pero fue todo el laburo de llegar a las fuentes y documentos ocultos, nuestro verdadero trabajo de campo, que es un poco con lo que se encuentran un montón de historiadores.

VM: Los textos son los originales. Puede llegar a haber alguna modificación en cuanto a la gramática de la oración porque se utilizaban otras formas y era complejo y entreverado ponerlo textual pero se trabajó sobre el texto. Lo que dice Wast “es” lo que dice Wast, es casi todo textual, y lo mismo con todos. Se va trabajando y la línea del historiador tiene elaboración de textos nuestros, pero muchos a partir de otros historiadores y de otros textos, se va reelaborando.

EA: Para que tengas una idea de lo que costó conseguir estos libros, el de Hugo Wast, “Año X”, es una única copia que se habia editado cuando se cumplían 150 años, en el año 1960. “Cartas que nunca llegaron”, de Williams Álzaga, donde están las cartas de Guadalupe y que sería fundamental que se de en las escuelas, con un prólogo con la historia de Moreno y demás, es de 1967. No se volvieron a editar, ¡y se edita cada pelotudez! Hay una búsqueda muy fuerte de la gente con respecto a su historia y se están consolidando muchísimo los textos históricos y está bárbaro que surjan historiadores que al escribir, rompen un montón de zonas oscuras, traen documentos y demás. Pero estaría bueno que se reediten los textos originales, sobre todo las cartas de Guadalupe. Lo que nos llamaba la atención era el tema de las citas de los historiadores, porque hay historiadores que citan fuentes y éstas, a la vez citan nuevamente a una fuente y nunca llegás a la fuente original. Entonces encontrás textos recontraprocesados, sintetizados y del modo en que sintetizás ese texto, estás omitiendo otro, ahí está tu punto de vista. Pasa en el cine y pasa con los historiadores. ¿Con qué se pueden quedar Pigna o Pacho O’Donnell? De las cartas de Guadalupe: ¿qué cuentan y que no cuentan?, o de Ignacio Núñez, que también es citado, o de Hugo Wast, por ejemplo. Hay que ir a las fuentes originales y evitar ese filtro. Los libros históricos de divulgación están muy buenos para ser disparadores pero junto con ellos tienen que estar los otros como apoyatura. Sobre todo a nivel académico. Creo que en las escuelas sería interesante.

VM: Volviendo a lo que preguntabas antes sobre el personaje: el romanticismo que tenía Moreno es el mismo de los ´70. Un romanticismo en épocas de ruptura en que la gente se juega la vida por un ideal y lo lleva adelante hasta el final. Vos ves, en las cartas de Guadalupe, el amor absoluto, no una de esas relaciones falsas, de mentira, esa cosa frívola. Es una relación de amor profunda y de amor por todo, por la Patria, en el sentido de proyecto de país, había una intensidad en las cosas que se estaban viviendo que se pierde, no te la transmiten. La historia no te transmite la intensidad con que vivía esa gente, los procesos que estaba protagonizando, te cuentan hechos casi a distancia, frívolos, que carecen de peso, y es todo lo contrario. Errados o no, eran tipos que se estaban comprometiendo hasta la médula con lo que hacían y que llevaban adelante la política. No sé si hoy, la política se lleva adelante con el nivel de intensidad de esas épocas, creo que en los ´70 fue la última vez que se vivió la política de ese modo. Después se empezó a reivindicar el resurgir de la militancia con el kirchnerismo, pero no sé si se llega a vivir con el nivel de compromiso y de potencia con que se vivía en esos momentos, quizás porque se manejaban conceptos radicales. La coherencia y la intensidad con que se vivía en todos los niveles es lo que más me sorprendió, no tiene nada que ver con esas señoras con peinetones y mantillas. Personas como Moreno y Guadalupe rompieron por completo con todos los códigos. Estaban predestinados ambos a ser personas de la iglesia y se casaron a escondidas y otro montón de cuestiones, todo en contra de lo que “tenían” que hacer. Moreno siempre priorizó sus ideas y su proyecto político por sobre su bienestar económico. Pudo ser un muy buen abogado, sentarse en Buenos Aires, generar fortuna y nombre y punto y no, dejó todo, en función de lo que estaba convencido era lo mejor y lo hizo llegando a priorizar por sobre su familia y su vida, en pos de un proyecto colectivo.

Hoy en día, no sé quién está dispuesto a priorizar lo colectivo por sobre lo individual o los vínculos afectivos personales. Esas cosas son claves para comprender en profundidad la deformación que hubo en la enseñanza de la historia. A partir de ahí ves por qué la deformaron. ¿Era tan peligroso enseñar eso? Nuestra idea es trabajar eso mezclado con la poesía que mana de esos sentimientos y de ese ambiente, distinto al de ahora, los códigos eran diferentes, la forma de ver el mundo era diferente. En ese sentido es que tratamos de ir trabajando esos elementos. Quizás no es una película política demasiado discursiva y tajante, pero sí trata de recuperar esa cuestión más poética de la política y de la historia.

Por Juan Ciucci
Publicado en revista Tierra en Trance